Agatha se apoya sobre el brocal de piedra. Hace algunos minutos que el sol se ocultó tras el horizonte, pero sus rayos aún agonizan entre las nubes. Cabello dorado, ojos grises, mente en blanco, mirada perdida...
Cuando era pequeña, Agatha soñaba con una burbuja púrpura, semitransparente, en cuyo interior se encontraba un joven, flotando, con sus alas partidas, quemadas por la ira. Imaginaba que un día podría estrecharle la mano, ofrecerle su calor, abrir sus ojos, limpiar sus lágrimas... Pasaba los días jugando en torno al pozo, con sus hermanas y, al acabar la jornada, se asomaba al pozo, tanto como su corta estatura permitía y repetía una súplica que ella misma había creado: "aunque nunca nos veamos, sé que te rescataré".
Han pasado los años, Agatha ha crecido, sus hermanas abandonado la casa, pero todos los días sigue atardeciendo y, tras la puesta de sol, la joven busca con la mirada en el fondo del pozo, derrama una lágrima y espera en la penumbra, apoyada sobre la fría piedra: "aunque nunca nos veamos, sé que te rescataré".
Día 1803 VDM
Hace 14 años
