martes, 13 de abril de 2010

Merlinus

Arrugado y pálido como un recién nacido, paso los días en este complejo de reclusión. Rodeado de muchas otras personas, no hablo con nadie. Estoy cansado e inapetente, pero me obligo a comer y a tomar muchas pastillas, para ganar fuerzas de cara a un futuro incierto.

Han pasado unos años. Ahora vivo solo, en una casa que podría alojar a una familia entera. Quizá ha sido así en algún momento. Las estanterías están llenas de fotografías de desconocidos. En algunas aparece alguien que se me asemeja vagamente, pero ignoro quién es.

Los días parecen más cortos, quizá porque, ahora que empiezo a trabajar, soy una persona más ocupada. Teresa me espera en casa a diario. De algún modo, nuestro futuro estaba escrito, en las fotografías y en algunos vídeos. Ella siempre estuvo ahí.

Ha venido a visitarnos nuestra hija Sara. Parecía triste. Las cosas no van bien con Teresa, no nos entendemos desde que superó su enfermedad. Deberíamos estar más unidos que nunca, pero cada día que pasa la siento más lejos. Hoy me pidió el divorcio.

Tras varios años de amargura, ayer perdimos a Sara. Ha sido doloroso ver como, poco a poco, nos iba olvidando, mientras su estatura menguaba. Hemos disfrutado más que nunca los últimos meses con ella, pero no sé si se daba cuenta. Me invade una fuerte pena.

Soy feliz. Estos días con Teresa están siendo mágicos. Después de mucho sufrimiento y grandes desavenencias, siento que por fin nos compenetramos. Nunca antes me había sentido así. Algo dentro de mi estómago se retuerce cuando nos vemos y a veces me cuesta respirar, pero esta sensación es estupenda. Creo que estoy enamorado.

Teresa me ha dejado. Parecía muy nerviosa la última vez que hablamos en el parque. Yo también lo estaba. Frases erráticas e intrascendentes. Ha sido extraño. No creo que volvamos a vernos.

Desde que dejé el trabajo, todo me va mucho mejor. Paso más tiempo con mis padres y mis amigos. La mayor parte del día lo dedico a jugar o a hacer deporte. ¿Cómo he podido tardar tanto en descubrir lo que realmente me gusta?

El ser humano es fascinante. Con el paso del tiempo, aprendemos a expresarnos. La comunicación es ahora sencilla y directa. Con unas pocas palabras podemos transmitir infinidad de sentimientos. Incluso con simples muecas o gemidos, todo es tan fácil...

Mis padres están radiantes. Intentan disfrutar sus últimos momentos conmigo, como Teresa y yo hicimos con Sara. Creo que tengo una afección como la de nuestra hija. Ahora comprendo que ella lo entendía todo y era feliz. No sé cómo mostrar mi bienestar. Cuando lo intento, solo consigo sonreír. Pronto les dejaré, creo que lo saben.