jueves, 15 de julio de 2010

+H+ (2)

Hola John.

Han pasado cinco meses desde la primera operación y hoy he vuelto a andar. Los médicos están muy contentos con la evolución y con mi actitud. Yo vuelvo a sonreír.

Los primeros días fueron horribles, ya lo sabes. La incertidumbre es angustiosa. Cada noche, cuando mis padres salían de la habitación para irse a casa a descansar, deseaba dormirme para no volver a despertar. No podía asimilar un cambio tan drástico y repentino, un cambio por el que no podía culpar a nadie, ni siquiera a mí. De un día para otro, mi vida era distinta y no me gustaba nada, no la quería. Si hubiera tenido más valor, me la habría quitado, pero afortunadamente fui cobarde.

Después de dos meses y varias intervenciones estériles, llegaron a nuestros oídos historias de este centro. Al principio, tomamos la noticia con escepticismo, yo sobre todo. Mis padres habrían recurrido a curanderos y chamanes de tribus indígenas, en busca de un poco de esperanza. Yo no quería esperanzas, quería volver a andar. El viaje era largo y el tratamiento costoso, así que lo descarté.

Poco a poco, fue creciendo en mis padres la necesidad de hacer algo y este tratamiento parecía la opción menos absurda. Finalmente, lograron convencerme.

Venir aquí ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. No importa cómo acaben las cosas, he recuperado la ilusión por vivir. Tan enorme distancia, tanto tiempo... la gente que me rodeaba en mi día a día pronto fue posicionándose ante la adversidad. La mayoría desaparecieron, pues ya no les resultaba provechoso relacionarse conmigo, pero, los que quedaron, me mostraron tanto afecto y calor que me devolvieron las ganas de despertar por la mañana. Despertar, levantarme y andar.

Mi vida ha cambiado mucho, sí, pero ahora me gusta. Hoy he vuelto a andar y sé que pronto volveré a correr. Y, si no lo consigo, no importa, al menos tengo una meta por la que luchar.

Espero que todo vaya bien por allá. Tengo ganas de volver y tener contigo una de nuestras apasionadas discusiones. Dame un poco de tiempo, prometo compensarte.

Sinceramente,
Aubrey.

martes, 6 de julio de 2010

Danza siniestra

Hoy llueve y no me importa, pues soy inmune al agua. ¿Os he hablado alguna vez sobre mi enfermedad? Durante años, respiraba con dificultad, al tener unos cristales alojados en mis pulmones. Pero eso era antes...

Habíamos trabajado duro para que ella tuviera sus alas, pero algo falló en el entramado de los sueños y nunca llegó a ganar altura. Saltaba y revoloteaba, pero pronto caía de nuevo. Decoradas y majestuosas a la vista, sus alas eran imperfectas, y solo le permitían saltar de flor en flor. Pero eso era antes...

Me cansé de cargar con ella entre las nubes. Nunca pensé que podría pasarme, aunque nunca había imaginado que sus alas pudieran fallar. Parecían tan... perfectas. Sus alas fallaron, y yo me cansé. Pero eso fue antes...

Perdí la noción del tiempo. Llevaba días surcando los aires, envuelto en una plácida armonía. Ahora que respiraba de nuevo, me hice implantar mis dos costillas perdidas y reposé hasta que la herida cicatrizó. Sano por fuera, vacío por dentro... en armonía. Pero eso fue antes...

A veces, cuando las noches son oscuras y claras, veo desde el cielo, en la distancia, a la muchacha de los ojos de rana, saltando torpemente de flor en flor, en una errática danza que me resulta siniestra. No puedo evitar, entonces, derramar algunas lágrimas y entonar la tierna melodía del baile, de aquel día en que vestíamos de azul. Sin moverme, las estrellas giran lentamente a mi alrededor.

Y eso... eso es ahora.