jueves, 3 de agosto de 2006

El peón de plomo

A Manolo, el corazón de Ierna...

Sam vivía en el centro de un tablero de ajedrez, rodeada de brillantes piezas hasta donde la vista le alcanzaba. Las conocía a todas por su nombre, pero hablaba normalmente con las que tenía más cerca, especialmente con un alfil que tenía un acabado asombroso. Era su pieza favorita.

Recordaba que, de pequeña, había andado por el tablero alegremente, y llegado a sus bordes. Y se había asomado al abismo que rodeaba al tablero por sus cuatro lados. Con el paso de los años, el miedo le había hecho alejarse del abismo, y ya solo se movía por el centro.

Las piezas se movían de vez en cuando, se acercaban y alejaban de Sam; algunas incluso llegaban al borde del tablero y se arrojaban al abismo. De vez en cuando, alguna pieza nueva llegaba al tablero. Sam no sabía cómo ni por dónde, pero a veces se encontraba con piezas que no había visto nunca, y ella conocía todas las piezas del tablero. Hacía mucho tiempo que no aparecía ninguna nueva pieza.

Un día, comenzó a levantarse un fuerte viento. Sam no tenía miedo, pues estaba rodeada de fuertes piezas que le protegían. El viento duró varias horas, soplando con fuerza creciente. Pronto se convirtió en tornado y comenzó a arrastrar las piezas que Sam tenía cerca, incluído su alfil favorito. Las piezas, todas de cartón, se arrastraban penosamente hacia los extremos o salían volando y se perdían en el vacío. Sam comenzó a tener miedo e intentó agarrarse a las piezas que tenía cerca, pero cada vez que cogía una, esta salía disparada por los aires.
El tornado se transformó en huracán y la misma Sam se vio arrastrada por su furia. Con el tablero despejado, adivinó a lo lejos, cerca del borde, la figura de un peón, un peón pequeño de plomo que Sam conocía desde que era una niña. A pesar de la fuerza del viento, el peón permanecía quieto, mirando con calma el avance de Sam.

Cuando Sam estaba al borde del abismo, el peón alargó su brazo y estrechó el cuerpo de la muchacha contra el suyo, protegiéndola hasta que cesó el huracán. Entonces aflojó su brazo y dejó a Sam sobre el tablero, completamente desierto.

2 comentarios:

Hor dijo...

Para evitar SPAM en este blog, me veo obligado a moderar los comentarios... si dejáis algún mensaje, tardará en aparecer, porque pasará antes por mi correo electrónico. Es un incordio, pero es la única forma de evitar los asquerosos links de gente que ni se lee el contenido :(

cHeSpO dijo...

Este trozo me a encantado de verdad...reflejas muy bien las cosas y como a algo k no abia exo caso de pequeña aora esta junto a ella y la salva.