Tenía ojos de rana cuando la conocí. La primera vez, apenas me miró, escondida tras la fina película que cubría sus ojos. Vivía en las profundidades del mar y yo no sabía nadar. Es por esto que siempre nos veíamos en sueños. Pero eso era antes...
El cielo está nublado y amenaza tormenta, pero no lloverá. Y, si llueve, no importa, porque soy inmune al agua. Pero eso es ahora...
Cuando era pequeño, tuve una grave enfermedad. Comenzó a llover con fuerza sobre Popivka y yo no sabía nadar. Me arrastró la corriente y el mar me acunó entre sus brazos. Cuando desperté, me costaba respirar. La sal del agua había cristalizado en mis pulmones y el aire fluía con dificultad. Tuve que aprender a comer de nuevo, y el aire... el aire ya no parecía refrescante. Pero eso fue antes...
Suena una melodía en el pasillo. No es más que un susurro desentonado, pero me resulta agradable. Yo también canto cuando estoy a solas, canciones de viajes y de conquistas, de lugares olvidados o inventados. Pero eso es ahora...
Perdí la noción del tiempo. Era de noche y estaba aprendiendo a volar. La muchacha de los ojos de rana me había dicho que, si no podía viajar bajo el agua, tendría que aprender a volar. Y así hice. Al principio me resultó complicado, porque me costaba respirar y no sabía caer. Me partí dos costillas la primera semana. Como no podía esperar a que sanaran, me las hice extraer y seguí practicando. Pero eso fue antes...
Vivimos en una casa entre las nubes. Cuando empezamos a construirla, nadie creía en nosotros. Una criatura de mar y una sombra de tierra, levantando ladrillos en el aire, era ridículo... no les culpo por no creer, ni entonces ni ahora.
Era un día como otro cualquiera, el sol brillaba en el cielo y vestíamos de azul. No recuerdo cuándo pasó, pero yo tenía que ser muy pequeño, porque las imágenes vuelven a mi memoria tal como las vería un niño o un enano, y nunca fui un enano. Ella tenía alas nuevas. Habíamos trabajado duro para que las soñara otra vez, y pasado mucho tiempo decorándolas y pintándolas. Estaba preciosa. No era un día como otro cualquiera, no. Comenzó a sonar un suave susurro, que poco a poco se convirtió en una dulce melodía, la más tierna melodía que nunca había escuchado. Ella me buscó y bailamos. Creo que no nos movíamos, que solo nos mirábamos, los rostros girando a nuestro alrededor. Pero eso fue antes...
Tiene ojos de rana y cuerpo de sirena, y cuando me mira sé que ya nunca estaré solo. Y, si lo estoy, no importa, porque vuelvo a respirar.
Día 1803 VDM
Hace 14 años

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