jueves, 11 de marzo de 2010

Cemento y cenizas


No deberías hacer una pregunta si no eres capaz de encajar la respuesta.

No estamos aquí para cuidar de vuestros muertos. No importa lo pomposas que seamos. Coloridas, aromáticas o espectaculares, somos débiles y frágiles. No fuimos creadas para proteger.

Me gustaría contarte que, con el paso de los días, nos descomponemos y penetramos la tierra, alcanzando sus cuerpos para transmitirles los sentimientos que nos habéis contagiado. Pero ya no hay tierra ni cuerpos, solo cemento y cenizas. Y aunque los hubiera, nada cambiaría. No es así como funciona, nunca ha funcionado así.

Me gustaría decirte que, al anochecer, cuando desciende el frío y no brilla la luna, les susurramos y entretenemos, les contamos historias y sueños, vuestros logros y fracasos. Pero ya no escuchan, ni recuerdan. Y aunque lo hicieran, nada cambiaría. No necesitan historias, es demasiado tarde.

Me gustaría... me gustaría tener manos y acariciarte, robarte la pena por un instante y enterrarla debajo de esta lápida, porque de ahí ya nada vuelve. Da lo mismo tu mensaje, solo quisiera... liberarte de ese sufrimiento. Pero soy inerte y no puedo. Ni acariciarte, ni hablarte. Te observo y agonizo, te observo y marchito.

Estoy aquí por vosotros, los vivos, porque necesitáis creer que ellos recuerdan que no les olvidáis.

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