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Popivka
Gota a gota... así empezó todo.
Primavera de 2011. Un día como otro cualquiera, comenzó a llover sobre Popivka, pequeña aldea situada en el extremo este de Ucrania. No era una lluvia torrencial, ni venía acompañada de una sonora tormenta eléctrica. A decir verdad, no había nada de especial cuando el agua comenzó a recorrer las calles. Años más tarde, sin embargo, la mayoría de científicos, al tratar de acotar las causas del Cambio, no dudaría en apuntar al fenómeno originado en la villa ucraniana. Pasaron semanas, meses, antes de que se tomara conciencia de lo que estaba ocurriendo. Llovía, suave pero constantemente. Llovía sobre Popivka, sobre Europa, sobre toda la Tierra; en campos, ciudades y océanos, el agua caía sin cesar.
Las explicaciones físicas no llegaban, los modelos matemáticos erraban en sus predicciones, y entraron en crisis los conocimientos atmosféricos que tantos siglos habíamos tardado en acumular. Las nuevas ciencias, bien aplicadas, como la Pluviología Asíncrona, bien teóricas, como la Semántica del Agua, pronto fueron ganando prestigio en el cambiante mundo que nos urgía a adaptarnos. Nacieron también nuevas religiones, filosofías y un sinfín de pseudociencias. Todas las disciplinas, con mayor o menor rigor, trataban de explicar las cadencias variantes de las precipitaciones, las formas dibujadas ─o imaginadas─ en las columnas de agua, el impacto sobre la psicología social, o la adaptación de los seres vivos a una situación tan desconocida como inhóspita.
Al no ser las lluvias intensas, las catástrofes tardaron en llegar, pero llegaron. Y lo hicieron con implacable vehemencia cuando el agua reclamó como propia alguna localidad antaño ocupada por los habitantes de la Tierra. No se vieron incursiones tentativas en una estrategia digna del más condecorado de los comandantes. El agua avanzaba con la crueldad propia del objeto inanimado, tomando posiciones para no abandonarlas jamás. El mundo tal como lo conocíamos llegó a su fin, y lo hizo mostrando penosas convulsiones, sin entender de motivos o finalidades.
Treinta y seis años, tres meses y doce días de incesante monotonía. Hoy cuesta imaginar un mundo sin lluvia, sin patrones pseudoaleatorios, sin el sonido de las gotas al repiquetear contra el húmedo suelo; un mundo sin nubes informes, sin ciencias hídricas... hoy cuesta imaginar el Sol brillando sobre el cielo de Popivka.
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